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Review | Zapatillas Social Blues y la vigencia de la escena blusera.

Antes de los poderosos riff del Metal y los bellos arpegios del Rock, ambos géneros se nutrían de la semilla del Blues. A pesar de la verdad de esta afirmación, es inconcebible ver que, en la familia musical, el abuelo blues no tenga el público que merece. Es por eso que, cuando supe de la oportunidad que tendría de ver un show de Iván Torres y su banda Zapatillas Social Blues, no dudé en que sería la chance perfecta para presenciar la escena blusera, junto uno de sus mayores exponente en el país.

Con casi 40 años en la música, la banda logró formar parte de la versión más actual del icónico festival Lollapalooza. Cabe decir que el show fue una especie de consolidación y más que eso, fue una reivindicación del blues nacional; ya que lejos de tener un masivo público, este estilo musical viene de aquella desprolijidad misma de no pretender tocar y mostrar lo que la gente quiere ver.

Negándose a lo predeterminado, el Blues habla de la cotidianidad; transformándola con sus acordes en algo fuera de lo común. Definirlo no es complejo, puesto que se arraiga desde lo sencillo, sin tanto condimento ni químicos, solo la naturalidad del canto y la compañía de una guitarra.

Fotografía: Carlos Ramírez

Es por esto que para el ciclo acústico de Blues & Hemp que organizó la productora Vudú, era fundamental la presencia de Zapatillas Social Blues. Es en este ambiente que llegando al Ricon Cañamero, me encontré con Iván, justo a la salida; bien afable y carismático, me estrechó la mano y junto a un par de chistes, me dio el paso para que el trabajo que iba a realizar durante su presentación sea principalmente sincero, del corazón, sin tanta artimaña:“solo disfruta haciéndolo como yo lo hago en el escenario, de eso se trata”, expuso el músico antes de subir al escenario con su guitarra acústica, acompañado de su banda compuesta por: JanoFuentealba en la guitarra eléctrica y Bladimir Bustamante en la percusión, manejando un cajón peruano.

El Show comenzó con una invitación a escuchar blues, perfecta introducción que hablaría a grandes rasgos lo que se daría durante la presentación. Posterior a este prólogo, Torres afirma que ‘esta es para los bipolares’, dándose así, paso a ‘El ying y el yang’, donde la verdad de una guitarra acústica es complementada por la voz de una guitarra eléctrica.

Continúa el espectáculo con ‘Te hago responsable‘, canción que – según palabras del cantante- es el típico blues que nace del abandono. Bien entrado en el coro, se escucha como el público es cómplice de la banda, tarareando la melodía con un ‘turu, turu’.

Ya en plena presentación, con gallardía hacen uso de su experiencia y piden al público el nombre de la canción que quieren escuchar, a lo que la amplia mayoría respondió ‘Hilo Curao’, clásico que a continuación interpretan antes de exponer el alto nivel de chilenismo existente en el sencillo. Posterior a este hit, como un símil, se entona ‘La Conquistada‘ de Los Jaivas en el peculiar estilo de la banda. Para el fin de la canción, Iván recordó al Gato Alquinta, dejando así su canto en memoria del difunto ex líder de la agrupación chilena.

Fotografía: Carlos Ramírez

Continuando el número, interpretaron ‘Jhonny Blues‘, un homenaje al músico que lleva el nombre de la canción. A estas alturas, no caben dudas del talento y la trayectoria del conjunto, hábiles en sus acordes y armonía. Siguiendo con el concepto entonaron ‘Ruta 40′; ‘Cariño Malo‘ – vals peruano muy conocido en la región- y otro de sus clásicos: ‘Blues del Sur‘, que nos hace recordar esos bellos paisajes y caminos rurales de aquellas zonas. En este ambiente comienza ‘El bar de la calle feliz‘, como invocando la lluvia, siendo clara la antesala para ya poner la nostalgia en el entorno con ‘No es que quiera recordarte‘, balada con un engañoso nombre.

Dejando de lado todos los recuerdos y melancolía, llega una canción que muchos esperaban: ‘Yo los cago a todos‘, quizás la más popular y más que ser una trova compleja, es sencilla y directa; representa fielmente a su autor. Esta sátira se encarga de ‘cagarse (mofarse) a ciertas personas que han disgustado a la sociedad, ya sea por sus actos o dichos. Estar presente en esta canción, lejos de ser un lujo u honor, es una afrenta; pasando desde los engaños a la iglesia evangélica del reconocido Pastor Durán, hasta la ‘secta’ de Tito Fernandez (El Temucano). Ambos fueron blancos de esta irónica canción, donde ni la senadora Jacqueline van Rysselberghe se salvó; ya que con la desubicada forma de referirse a sus opositores políticos, fue ninguneada sacando las carcajadas, momento en que  Iván Torres presentó a la banda como los Patipelados Social Blues.

Ya en el colofón del show, altura donde ya todos estábamos a gusto y expectantes, el grupo entonó ‘El discípulo y el maestro‘, track cercano al Rock and Roll que hubiese hecho bailar a cualquiera y es que la música de Zapatillas llega a ser tan transversal, que pueden presentarse desde lo escueto de una penitenciaria, hasta en un producido escenario del Lollapalooza.

La presentación sigue con aquella anécdota de cuando el vocal fue a la casa de un amigo, ligado a las campañas de alto cultivo que le convidó una raza de cannabis algo extraña. Como toda alma joven, Iván fumó y luego se fue al metro, creándose de esta forma ‘Psicodelic Tour‘. En esta parte de la sesión musical, llegan monólogos e historias como la creación de ‘Abuela Blusera‘ con su pegajoso coro “Puro Blues, puro blues” y para cerrar esta perfecta presentación, interpretaron una canción más chilena que los porotos: ‘Pescado Frito’, con unos acordes pegajosos y el ritmo de la guitarra eléctrica que transmite mucho más de lo que la letra refiere aunque llegado el coro, todos cantaron al unísono “Quiero pescado frito, cueste lo que cueste”; mostrando así la esencia del blues, que transforma lo cotidiano en algo especial.

Sin duda mi experiencia en este show, fue más allá de un goce musical. Sentí la esencia del blues más viva que nunca. Es notable ver distintas generaciones escuchando y cantando los éxitos de Zapatillas Social Blues, en un espectáculo que tuvo risas, reflexiones y una gran organización por parte de la productora Vudú.

Fotografía: Carlos Ramírez

La invitación es clara, todos los jueves estará éste ciclo acústico de Blues & Hempen en el Rincon Cañamero (Vinchunquen 251), que aún espera por artistas de la escena blusera tales como: Sebastián Córdova, Gatillo Gerard de Bluseros Muertos y Lian Sperguells, con entradas totalmente gratuitas y un espacio íntimo, para degustar la buena música.

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